Alerta contra novios tóxicos
Al principio parecen que no matan ni una mosca, y de pronto, se convierten en monstruos. Quizás les resulte fácil engañarte, pero existen señales que pueden ayudarte a detectar y mantener lejos a estos chicos nocivos.
A lo mejor eres de las que sólo busca un chico para pasarla bien, sin mayores consecuencias, o puede que estés empeñada en encontrar el hombre de tu vida, ese con el que planeas casarte y tener hijos. Pero sean cuales sean tus intenciones, cuando empiezas a salir con alguien , lo que sí está claro es que si caes en la redes de un “bueno para nada”, cualquier plan que tengas va a salirte mal.
Sabemos que nadie es perfecto, empezando por nosotras mismas, de modo que no puedes cruzarte de brazos y esperar a que aparezca tu príncipe azul. Sabemos también que cuando una relación empieza, tenemos que aportar grandes dosis de paciencia y tolerancia. Peo no hay que confundir las pequeñas manías y los deslices ocasionales de cualquier hombre con la avalancha de defectos que arrastran consigo los novios tóxicos. Salir con uno de estos ejemplares no solo representa una enorme pérdida de tiempo, sino que puede tener consecuencias mayores y afectarte tanto física como emocional y socialmente. Pero ¡tranquila! que siempre hay una ayuda. Existen patrones de comportamiento que pueden encender una luz roja de alarma en tu cerebro cuando los detectes. Aprende a reconocerlos y, una vez que lo hagas, aléjate de ese hombre corriendo antes de que te enferme. Aquí, 3 tipos tóxicos y cómo vacunarte contra cada uno de ellos para estar inmunizada.
El hombre Lobo
Julieta, una maquilladora de televisión que trabaja con algunas importantes estrellas de la pantalla chica, no supo reconocer en Willy el maquillaje que mantenía oculta su segunda cara: la de lobo feroz: “Al principio de la relación, él era un encanto”, cuenta ella. “Hacía todas las cosas que una mujer adora, como mandarme flores al trabajo, hacerme el amor en la ducha o subir conmigo a la azotea con una botella de champan y dos copas. Recuerdo que mis amigas lo adoraban, y más de una vez me repitieron, con un poco de envidia, que yo me había llevado al chico más dulce de la tierra”. Por desgracia, el maquillaje se fue corriendo… y bajo la máscara de amante encantador aparecieron los terribles colmillos del lobo.
“No sé bien cuándo fue que las cosas cambiaron entre nosotros”, relata Julieta. A partir de cierto momento. Willy se empezó a comportar como si más que mi novio fuera mi dueño. Si yo llegaba tarde a alguna cita, me hacía entrar con violencia al automóvil y conducía como un loco hasta que yo comenzaba a llorar; entonces estacionaba en cualquier sitio, me insultaba y me decía que por mi culpa un día acabaría teniendo un accidente fatal. Pronto se acostumbró a humillarme en público”.
Cada uno de estos episodios de violencia iba seguido de una escena patética, en la que Willy le pedía perdón “por ser tan impulsivo”. “Es que te quiero demasiado y tú te aprovechas de eso”, me decía. Entonces, por unos pocos días , Willy volvía a ser el amante encantador, y Julieta confiaba en que ahora si todo había vuelto a la normalidad… Hasta que el maquillaje se corría una vez más y aparecía el lobo, listo para atacar ante la menor provocación.
Un día Julieta se cansó y saco a Willy de su vida. “Ahora me pregunto cómo pude caer tan tontamente en la trampa de esa relación disfuncional”, dice. “Todas sus atenciones y mimos en los periodos en que me trataba bien, no pueden compensar el daño que me causó con sus abusos”.
Según los expertos, este tipo de novio se caracteriza justamente por alternar ciclos de crueldad con ciclos de ternura. Cuando el lobo aparece, la mujer que es su pareja puede ser maltratada de palabrta y también lastimada físicamente, y en todos los casos la agresión va dirigida a ponerla bajo su control absoluto.
Hay mujeres que acaban por habituarse a esta dualidad en el comportamiento del hombre-lobo, soportan mansamente sus agresiones y sobreviven a los malos tiempos, esperando que el mounstro recobre su lado humano cuando llegue el ciclo del amante cautivador. Mientras su autoestima y confianza en si misma se van deteriorando, hasta que el hombre-lobo consigue su propósito: tenerla bajo su poder absoluto, haciéndola bailar como un títere al son de todos sus caprichos.
En cuanto sospeches que está “tomado”, confróntalo, y cuando lo confirmes, , déjalo. No importa lo que te jure, siempre serás “la otra”.
El don juan casado
Rita tenía poco más de 30 años cuando empezó a trabajar con Pati, en la recepción de un Hospital. “A pesar de que era una mujer muy atractiva, inteligente y productiva, estaba convencida de que era fea y hasta se sentía vieja con sólo 31 años”, cuanta Pati, que acabó siendo su confidente. “Decía que no tenía suerte con los hombres y que ninguno querría casarse con ella. Así que cuando el Doctor Leyva, un donjuan irredomable, la miró con ojos tiernos, la pobre Rita cayó rendida”.
El le aseguró que estaba a punto de divorciarse, se hicieron amantes y pasaron cinco años en los que Rita no supo lo que era pasar un fin de semana, un día de fiesta o unas vacaciones con el hombre que amaba. Cada vez que quería romper, él juraba y perjuraba que ahora si se divorciaba. Rita se convirtió en la sombra de lo que había sido cuando llegó a la clínica, y el carácter se le amargó. ni siquiera logró desprenderse de aquella relación tóxica cuando descubrió que Leyva no sólo traicionaba a su esposa, sino también a ella. Al final fue él quién decidió romper para emprender una aventura con una enfermera, y Rita optó por abandonar la clínica.
Algunos de estos donjuanes casados hasta llegan a ocultar su matrimonio, de forma que cuando tú te enteras, ya estás lo suficientemente enamorada como para atreverte a dejarlo. Pero hay indicios que pueden ponerte en la pista. si no te dice donde vive y jamas te invita a conocer su casa o su familia, sospecha. Lo mismo si sólo te da el número de su celular y nunca el de su casa o el de su trabajo; si no puedes contar con él los fines de semana o los días festivos; si se contradice o titubea cuando le haces ciertas preguntas sobre su vida personal; si hay algunos aspectos de su vida que desconoces y se niega a darte información. En cuanto sospeches que está “tomado”, confróntalo… y una vez que lo confirmes, déjalo. Por lo general no importa cuanto te prometa separarse, lo más probable es que sigas siendo “la otra”.
El dependiente que te hace codependiente
Alto, guapo, con unos ojos y una sornisa cautivadora: así era Gustavo cuando Marcia lo conoció en una fiesta de compromiso de su mejor amiga. Él era famoso por haber trabajado en algunos comerciales, e incluso había llegado a modelar para varias marcas importantes de ropa masculina. “Hablaba poco, se comportaba muy caballerosamente con las mujeres y a mi me trataba como una reina”, admite Marcia. “Parecía un angel, al menos en los primeros tiempos. Llegué a preguntarme qué había hecho para merecer un hombre tan especial”.
Al poco tiempo de estar saliendo con él, Marcia descubrió que Gustavo bebía más de la cuenta,. “Una copa de más no le hace daño a nadie” , argumentaba el “angelito”, restándole importancia al asunto. Con el transcurso de las semanas, fueron apareciendo otros secretos que Gustavo guardaba en su closet. Por ejemplo, que ningún trabajo le duraba a causa de sus borracheras, que había crecido en un hogar de alcohólicos, que jugaba compulsivamente grandes sumas de dinero… y que había estado en rehabilitación varias veces por su adicción.
Cada vez que Marcia lo confrontaba, Gustavo la miraba con ojos tristes, le contaba la horrible historia de su infancia, le prometía que no bebería ni jugaría más, lloraba pidiéndole que lo ayudara… y ella caía otra vez.
“Vivía escondiendo las botellas de licor para evitar que se sintiera tentado a tomar”, relata Marcia. “Lo acompañaba a las terapias, llamaba a su agente para justificarlo cuando no podía ir a trabajar a causa de sus resacas, me ilusionaba cuando pasaba una semana entera sin beber, pero luego volvía a las mismas. Su dependencia al alcohol terminó convirtiéndome en su codependiente, y al final, en vez de yo ayudarlo a controlarse, él (y su adicción) me controlaban a mi”.
Según Bárbara De Angelis, autora de Ask Bárbara:The 100 Most-Asked Question about Love, Sex and Relationship, cuando tu pareja tiene una adicción, él está enamorado de alguien más que tú: está enamorado del alcohol, la droga, el juego o lo que sea. Te está engañando con esa sustancia y tú acabarás odiándola tanto como si fuera otra mujer.
Lo mejor que puedes hacer: en primer lugar no involucrarte, pero si ya lo has hecho, entonces dale un ultimatum: o de veras se compromete con su recuperación, o márchate antes de que te conviertas en una codependiente como Marcia. Las relaciones ya son de por si bastante difíciles para encima de eso tener que luchar con el demonio de la adicción.
Diviértete, pero se cuidadosa
Podríamos alargar la lista con otras variantes de novios tóxicos, pero todos, los que mencionamos aqui y los que faltaron, son dañinos en mayor o menor grado. Así que hay una sola cosa que puedes hacer para que no te enfermen: no te estanques en una relación con ninguno de ellos porque jamás, hagas lo que hagas, podrás ser feliz. Y si lo que pretendes es salir sólo para divertirte y pasarla bien, también mantente lejos de estos peligrosos ejemplares. El riesgo es demasiado alto y tu aventura con ellos terminará siendo una historia de la que querrás olvidarte.
Terapia de desintoxicación
¿Desesperada por sacar de tu sistema a un novio toxico? Estos tips te ayudarán a conseguirlo.
- Muchos novios tóxicos se ponen como locos cuando sienten que estás tratando de romper con ellos, y algunos pueden incluso llegar a la violencia física. Se firme, pero cautelosa, y no enseñes todas tus cartas cuando decidas poner distancia entre él y tú.
- Una vez que hayas terminado la relación, si notas que él anda rondando por los alrededores te tu hogar o de tu trabajo, o que llama obsesivamente a tus amigas para saber de ti, ponte en alerta y pídele a tu familia y amistades que te ayuden a mantenerlo fuera de tu vida.
- Al menos por un tiempo, no visites a amigos comunes ni lugares de diversión donde sabes que te lo puedes tropezar.
- Una vez que te deshagas de él, no caigas en la tentación de aceptarle una cita a cenar, ni una noche de intimidad, ni siquiera una charla informal frente a un café, porque todo podría comenzar de nuevo y el ciclo destructivo será peor.
- No creas en sus historias de que el sufrimiento de perderte lo ha cambiado. Si lo aceptas otra vez, no tardarás en comprobar que, prometa lo que prometa, seguirá siendo el mismo “bueno para nada” que te hizo sufrir tanto.
Visto en Cosmopolitan

