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Enfermedades autoinmunes Parte 2 de 3

julio 18th, 2008 by Khaos 4.952 lecturas


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El síndrome de Sjögren

El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica que se caracteriza por la sequedad de las mucosas, principalmente la oral, (xerostomía) y la ocular (xeroftalmía), que se producen por la disminución o ausencia de secreciones glandulares como resultados de mecanismos tanto de interacción celular como hormonal.

Las manifestaciones suelen aparecer entre la cuarta y séptima décadas de la vida. Predomina en el sexo femenino, en una proporción de nueve a uno, y es posible que exista una predisposición familiar.

La enfermedad puede localizarse exclusivamente a nivel glandular, (exocrinopatía autoinmune) o bien, extenderse fuera de las glándulas y dar lugar a una afección multisistémica, en la que intervienen los sistemas musculoesquelético, respiratorio, gástrico, hematológico, vascular, renal, neurológico e incluso la dermis.

Su diagnóstico es poco frecuente por la pobreza de los síntomas, además de que se puede asociar a otras enfermedades autoinmunes o linfomas.

El tratamiento del síndrome de Sjörgen es sintomático y se basa en la sustitución de las secreciones ausentes. En el caso de la xeroftalmía se utilizan lágrimas artificiales de cuatro a seis veces al día, mientras que la xerostomía, se trata tomando más agua y aplicando o ingiriendo productos que estimulen la producción salival. Se aconseja tener en la boca alimentos ácidos no azucarados que incrementen la secreción de la saliva, como caramelos ácidos y jugo de limón. La higiene ocular y dental es crucial para evitar posibles complicaciones, como infecciones y caries.

Es imprescindible cuidar los ojos lubricándolos constantemente a lo largo del día con soluciones que emulen la función de las lágrimas y por las noches con gel. También hay que lubricar la piel, la nariz, los oídos y la vagina, en caso de que se tenga una vida sexual activa. Además la alimentación debe basarse sobre todo en productos líquidos y blandos que favorezcan la secreción salival.

Artritis Reumatoide

la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación crónica  de las articulaciones y que además puede afectar otro órganos, provocando deformidad, incapacidad funcional y disminución de la expectativa de vida.

Es una enfermedad de distribución universal, con cifras de incidencia que oscilan entre 2 y 26 casos por cada 10 000 habitantes al año. Es más frecuente en las mujeres (3:1), y aunque puede aparecer a cualquier edad, su inicio es más común entre la cuarta y la sexta décadas de la vida.

Al principio, son habituales las manifestaciones generales inespecíficas, como fatiga, anorexia, pérdida de peso, fiebre vespertina, así como cambios en la coloración de las manos. afecta habitualmente las articulaciones de manera simétrica: manos, muñecas, pies, rodillas, tobillos, caderas y lo más común es que dañe varias  articulaciones y se acompañe de rigidez matutina (al levantarse) que se prolonga por más de una hora.

La artritis evoluciona de manera progresiva o con remisiones y puede cursar con manifestaciones extra-articulares.

Se incluye en la clasificación de las enfermedades inflamatorias del tejido conjuntivo que tienen carácter sistémico.

Con una ocurrencia de aproximadamente 1%, se desconoce qué la causa, aunque se cree que es un fenómeno ambiental, como algunas infecciones virales o bacterianas en pacientes geneticamente predispuestos, podría desencadenar el proceso.

El diagnóstico lo realiza particularmente un médico, por lo general, con formación en reumatología o en una rama afín a la medicina interna, porque no existe una prueba única que demuestre que alguien la tiene; en consecuencia, el diagnóstico se realiza conjuntando los síntomas con los datos de laboratorio..

La educación del paciente es importante para reducir lesiones a largo plazo por sobre esfuerzo de la zona afectada, para lo cual conviene que él mismo tome conciencia de su enfermedad, además de mejorar la cooperación de la terapéutica.

Además del tratamiento médico, tanto la terapia ocupacional como la física -para adquirir flexibilidad y fuerza muscular-, los ejercicios específicos para mover las articulaciones y el ejercicio aeróbico mejoran el estado general del paciente y reducen las deformidades, por lo que se deben iniciar desde etapas tempranas de la enfermedad.

Asimismo y como complemento del tratamiento están la termoterapia, la crioterapia, el calor superficial con baños de parafina, el calor profundo, las férulas y órtesis.

aunque la terapia física tiene un papel preponderante en el tratamiento integral, no todas las opciones son para todos y se debe elegir la más conveniente en combinación con el médico reumatólogo. Por tanto, la comunicación  entre éste y  el médico en rehabilitación debe ser estrecha.

Síndrome antifosfolípido

El síndrome antifosfolípido es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la aparición de trombosis de repetición tanto venosas como arteriales, abortos o pérdidas fetales recurrentes (habitualmente más de tres), partos prematuros, bajo peso al nacer, alteraciones en la sangre -como plaquetas bajas que se asocian con la presencia de anticuerpos antifosfolípidicos-, y estudios de laboratorio específicos positivos para la enfermedad. Las trombosis recurrentes con causa de incapacidad especialmente cuando ocasionan infartos al miocardio o cerebrales. El síndrome antifosfolípido puede ser primario o secundario, o sea, asociado a otra enfermedad autoinmune sistémica.

El síndrome antifosfolípido adquiere vital importancia sobre la gestación porque las exacerbaciones son más comunes durante dicha etapa: reducen la capacidad reproductiva de las personas afectadas, a la vez que incrementan la probabilidad de complicaciones a los neonatos.

Normalmente, para el tratamiento del síndrome de anticuerpos antifosfolípidos se deben tomar en cuenta factores de riesgo preexistentes, como la hipercolesteronemia, el tabaquismo, los anticonceptivos orales, la obesidad y la inmovilización, pues son problemas que se deben de tratar de forma adecuada.

Es necesario practicar estudios de laboratorio de manera periódica para vigilar la actividad de la enfermedad, así como de valoración del nivel de anticoagulación cuando se administran medicamentos para evitar problemas de trombosis o sobremedicación durante el tratamiento.

El embarazo y la enfermedad autoinmune

El reumatólogo es un médico con formación en medicina interna, capacitado y con experiencia adicional porque dedica 2 o 3 años a la especialización en reumatología para poder diagnosticar y tratar las enfermedades reumáticas autoinmunes.

Se debe consultar al reumatólogo ante síntomas como dolor articular incapacitante, aparición repentina de cansancio inexplicable de gran intensidad o afectación neurológica, ocular o renal sin causa previa explicada.

En general, se recomienda tener cuidado con las enfermedades autoinmunes, especialmente a las mujeres en edad reproductiva y con posibilidad de embarazo, es decir, de las que están en edad fértil y tienen una vida sexual activa, porque el riesgo para el producto y la madre es mayor durante ese periodo. De ser posible, la gestación se debería planear junto con el médico en un momento de poca actividad de la enfermedad y bajo vigilancia estrecha por parte de profesionales. es importante avisar de inmediato si existe la posibilidad de estar esperando un hijo, para canalizar el caso a los especialistas en la vigilancia del embarazo.

En la tercer y última entrega, platicaremos sobre qué hacer ante el diagnóstico de una enfermedad reumática autoinmune, recomendaciones generales y sobre las repercusiones en la película lagrimal.

No te lo pierdas!

A tu salud.

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