Vacunas comestibles
Dentro de algunos años podría estar lista la primera de una serie de vacunas novedosas e indoloras. Científicos mexicanos de instituciones como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de Irapuato, el Instituto Potosino de Investigación Científica (IPICYT) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) trabajan en el desarrollo de vacunas comestibles a base de frutas o vegetales que, al ser consumidos, protejan contra algunas enfermedades producidas por virus o bacterias.
Las nuevas vacunas comestibles deberían cumplir las normas nacionales e internacionales de aprobación para su distribución, además de lo relacionado con su almacenamiento en sitios apartados donde no se cuenta con electricidad y, por ende, con refrigeración para conservarlas.
La mayoría de las vacunas actuales se elabora con virus atenuados o muertos, pero en las vacunas comestibles sólo se emplearían sus proteínas, las cuales se pueden insertar en el código genético de una planta para que sus frutos sean capaces de provocar una reacción del sistema inmunológico sin desencadenar la enfermedad.
Hasta el momento se ha tenido éxito con la versión comestible de la vacuna contra el Newcastle -enfermedad que ataca a las aves de corral-, la cual ha sido administrada a través del maíz.
Los científicos mexicanos se concentran en enfermedades como el cólera, diarréa, papiloma humano y amibiasis, entre otras. Los investigadores del IPICYT han logrado introducir en la zanahoria el gen de la bacteria Escherichia coli, causante de la diarrea, mientras que los de Cinvestav Irapuato cultivan plátano con antígenos pare prevenir enfermedades como paludismo, cólera, hepatitis B y amibiasis.
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